tus manos
van dejando surcos
de agonía y manto
de lluvia ácida
que hasta los huesos
corroen mi piel y tanto.
Áridas manos que van atesorando
espinitas de un corazón mundano,
sonrisas paganas
y palabras enredadas
que se dicen cantando.
Se llena la boca,
tu boca,
de promesas y espanto.
Y en la soledad de esta noche me temo,
nuevamente,
eres mi sed y quebranto.
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