pido fiado un trocito de ilusión
en el almacén sin cartel de su espalda blanca.
Guardo en el pecho la furia de un invierno agazapado,
a punto de destruirlo todo y demoler
las ganas tardías de un corazón esperanzado.
Espera sentado don Valentin
con una margarita en la mano, y rezando
olvide aquel sueño que dejé en mi cuna febril.
Pido al cielo de mí se apiade.
Demasiados pétalos cayeron al suelo.
Quiero perderme en sus ojos de nuevo,
volver a encender la llama que no arde.-
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