Con una margarita en la mano

Mañana silenciosa de un domingo por llover, 
pido fiado un trocito de ilusión 
en el almacén sin cartel de su espalda blanca.

Guardo en el pecho la furia de un invierno agazapado,
a punto de destruirlo todo y demoler
las ganas tardías de un corazón esperanzado.

Espera sentado don Valentin
con una margarita en la mano, y rezando
olvide aquel sueño que dejé en mi cuna febril.

Pido al cielo de mí se apiade.
Demasiados pétalos cayeron al suelo. 
Quiero perderme en sus ojos de nuevo,
volver a encender la llama que no arde.-

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