No hay nada más triste y devastador que sentir
cómo desciende por tu garganta el sabor amargo
de la sal que dejaron los besos de un amor fugitivo,
un amor frustrado.
Besos que incineraron
hasta la más mínima célula
de tu piel expuesta.
Fue la caricia
de un sueño arrebatado sin piedad.

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