de la aterciopelada flor,
que despliega sus pétalos al escuchar
una sola sinfonía, un solo compás.
Compartida la frágil intimidad,
se envuelve en el velo de un vil sentimiento
que, ni tuyo ni mío,
marca este momento.
Fugaces destellos de un anhelado encuentro,
turban corazones ingenuos y hambrientos,
dejando una sed aún mayor,
que se escribe en el negro oscuro del firmamento.
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