¿Cómo puedes mirarme así,
tan sereno,
como si el mundo se detuviera
a tus pies?
Yo, en cambio,
no sé qué hacer
con esta avalancha de emociones
que me atraviesa el pecho.
¿Acaso sientes tú lo mismo
y lo disimulas?
Si es así,
déjame felicitarte:
lo haces muy bien.
Aunque si me preguntas,
preferiría que no lo hicieras.
Quisiera ver
cómo también te vence la emoción,
cómo se te oprime el pecho
bajo el peso de la ansiedad,
porque no quieres perderte un sólo día
sin ver mi sonrisa
o escuchar mi voz.
Porque los días se derrochan
cuando no hay un beso,
una caricia sin intención
y esa necesidad de tenernos
cada vez más cerca.
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