Cuando no buscaba nada.

Es increíble cómo una persona

puede hacerte sentir 

tantas emociones al mismo tiempo.


Apareciste en mi vida 

cuando no buscaba nada.

Y, de pronto, un acto tan sencillo 

como invitarme a tomar unos mates a la plaza,

se convirtió en el escenario 

de una historia de amor.


Una obra sin actores,

sin guión ni artificios:

tan sólo dos seres humanos 

deseosos de amar 

y de ser correspondidos.


Fui a tu encuentro sin expectativas, 

sin ningún plan.

Pero tus intenciones 

iban mucho más allá.


Y, con la osadía de quien sabe lo que quiere,

sin ningún atisbo de duda,

un beso fue robado sin pensar.


El primer mes 

fue una montaña rusa de emociones.

Mi mente apenas alcanzaba a comprender

que alguien nuevo 

estaba entrando en mi vida.


Alborotaste mi rutina.

Dejé de pensar solamente en mí 

para empezar a pensar en nosotros.


Atravesaste mi mundo entero.

Te colaste por cada resquicio,

ocupando espacios que ni siquiera sabía

que estaban vacíos,

penetrándolo todo con tu luz.


Y hoy respiras tan sereno

allí, en las profundidades de mi mundo,

que ni siquiera alcanzas a sospechar

todo lo que se agita aquí dentro.


Tú, con sosiego,

sigues viviendo tus días,

mientras yo ya formo parte de tu rutina.


Y aquí dentro, 

en cambio,

se amontona un alboroto 

que no se cómo callar.


Qué capricho el del destino:

desordenarme la vida sin piedad

justo cuando había aprendido 

a reconciliarme con la soledad.


Ahora debo aprender a convivir 

con este torbellino de sensaciones,

a contener esta obsesión 

que me nace en las entrañas,

a respirar a pesar del fuego

que me arde por dentro

y se extiende, implacable,

hasta la punta de los dedos de mis pies.




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