"Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma". (Julio Cortázar) Compartan conmigo sus impresiones. Los leo!
Poesía
Tic tac
Tic tac. Los últimos rayos de luz entibian el vidrio empañado del cuarto.
Tic tac. Un silencio perturbador yace tras la puerta.
Tic tac. El ángel negro espera pacientemente.
Tic tac. Nadie es consciente de lo que acontece en la casa.
Tic tac. La ropa de la semana, acumulada en la silla; más de dos vasos apilados en la mesa de luz; la ropa de cama con olor a la semana pasada; y la capa de polvo que comienza a hacerse notar.
Tic tac. Su espíritu no parece detectar el “orden establecido” en la casa. Con sosiego, sus ojos mojados ya se han habituado a la penumbra del cuarto. No es el infierno, aunque lo parece. Tampoco es un sueño. Todo parece tan natural, como para quien no distingue el buen vino del malo. Lo más triste es que se ha acostumbrado a esa agonía inservible.
Tic tac. El ángel negro da un paso. No suena. No respira. No pesa.
Tic tac. Pero el aire se vuelve más espeso, como si la habitación supiera que algo está a punto de romperse.
Tic tac. Ella no lo mira, pero lo siente. Está ahí. Siempre ha estado: observando, esperando.
Tic tac.
Nudos que liberan.
Y nudos que liberan.
Nudos que llevan historia,
Y nudos que trazan sueños.
Hay nudos que inspiran.
Nudos que son magia.
Nudos que nos unen,
que conectan y nos hacen volar.
Nudos que son arte,
Esperanza viva,
deseo ardiente,
Y amor que aviva.
Los nudos son caminos
Tejiendo destinos.
Como la vida misma:
hechos de encuentros,
de decisiones,
de manos que se cruzan
y de hilos que nunca se sueltan.-
Febrero
La búsqueda de la felicidad.
Nos pasamos la vida buscando la felicidad y no nos damos cuenta de que, en esa búsqueda, se nos va la vida.
Confundimos la felicidad con una emoción; con la dopamina que se genera en ciertos momentos de adrenalina y entretenimiento efímero; con compañías frívolas que huyen de lo íntimo y profundo, sin darnos cuenta del daño que nos hacemos.
La confundimos con la ausencia de conflictos, de problemas y de preocupaciones. Es como querer comer la manzana y que no tenga semillas.
Y la felicidad es simplemente vivir, estar, compartir, pertenecer, poder ser.
Dime que me has olvidado.
En la ciudad que no duerme
me despierto pensándote.
Aunque no quiera, aún duele
la estaca clavada en mi ser.
Sé que no quisiste hacerme daño,
aunque hoy vivas arrepintiéndote.
Te pido, por favor, que me odies
así lograré odiarte yo también.
No me digas que me extrañas
porque los recuerdos se aferran con desdén.
Dime que me has olvidado
y podré arrancarte de una vez.
Atizar el fuego.
¿Qué es el amor pasional,
sino algo efímero
compartido entre dos extraños que se desean?
¿Y qué si deseo algo más
que sólo admirar el fuego?
¿Y qué si deseo entregarme
hasta quemarme por completo?
Por favor, amor mío,
no avives el fuego.
No le tires más leña
si no vas a hundirte
en las llamas conmigo.
Vida al natural, un microcuento de Clarice Lispector.
Vida al natural [Minicuento - Texto completo.] Clarice Lispector
Pues en el río había algo como el fuego del hogar. Y cuando ella advirtió que, además del frío, llovía en los árboles, no podía creer que tanto le fuese dado. Y el acuerdo del mundo con aquello que ella ni siquiera sabía que precisaba como el pan. Llovía, llovía. El fuego encendido guiñaba hacia ella y hacia él. Él, el hombre, se ocupaba de aquello que ella ni siquiera agradecía; él atizaba el fuego, lo cual era su deber de nacimiento. Y ella, que siempre estaba inquieta, haciendo cosas y experimentando, curiosa, ella no se acordaba de atizar el fuego: no era su papel, pues tenía a su hombre para eso. No siendo doncella, el hombre tenía que cumplir su misión. Lo más que ella hacía era instigarlo, a veces: «Aquel leño —decía—, aquel todavía no encendió». Y él, un instante antes de que ella acabara la frase que lo advertía, él ya había notado el leño, era su hombre, ya estaba atizando el leño. No le daba órdenes, porque era la mujer de un hombre que perdería su estado si ella le daba órdenes. La otra mano de él, libre, está al alcance de ella. Ella lo sabe, y no la coge. Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge. Tiene exactamente lo que necesita: poder tener.
Ah, y decir que esto va a acabar, que por sí mismo no puede durar. No, ella no se está refiriendo al fuego, se refiere a lo que siente. Lo que siente nunca dura, lo que siente siempre acaba, y puede no volver nunca. Se encarniza entonces sobre el momento, se traga el fuego, y el fuego dulce arde, arde, flamea. Entonces, ella, que sabe que todo va a acabar, coge la mano libre del hombre, y la enlaza con la suya, ella dulce arde, arde, flamea.-
Gozo infernal.
¿A dónde van?
Desde el rincón más oscuro.
Despacio.
Le pedí a Chatgpt que me describiera en una canción y esto fue lo que escribió: "Despacio" Tiene flores de cerezo en las manos, nu...
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¿A dónde va la ilusión de aquello que no pudo ser, que no llegó a existir? ¿A dónde va aquello que se quedó atrapado entre tu alma y tu bo...
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Con la liviandad de unos pies elevados del suelo, contemplo la indulgencia del tiempo que me araña la espalda, llenando de versos imperfec...